MUJERES EN OLAS DE COLOR

Lo sublime y lo grotesco, lo sagrado y lo profano, la desesperación y la transformación conviven con nosotros en los últimos años de la vida. En mujeres envueltas en olas de color no hay sentimentalismo, ni autocompasión,
ni embadurnada tristeza. Con pinceladas vibrantes el color reduce las figuras humanas a lo esencial, a la revelación de la realidad oculta bajo las superficies de las cosas. Es un nuevo grito de Munch, frente a lo sólido, lo eterno, lo global. La vida se resiste con brío y se conforma con sus brillantes efectos. Hay una mirada inquietante y lúdica agazapada en las medias sonrisas de ambos rostros agrietados. Y en sus ojos hay destellos atrevidos, de orgullosa picardía. Bajo ellos, un dolor humano, sobrio, se perfila en la punzante indumentaria y se resuelve con el orgullo del objeto complacido ante la mirada.El pintor Georges Rouault, que acogió toda una variada fauna de tipos de la calle en su temática, tal vez lo expresara así, si hubiese contemplado este retrato:
“No creo en las teorías ni en las ideas vagas y enormes que se dan en el mundo extraterrestre y que en definitiva no tiene ni forma ni vida ni forma viable. Tengo horror a ese vagar del pensamiento y de la acción que desemboca en un idealismo sudoroso, pegajoso y fácil que hace blandos los ángulos e inconsistente el dibujo, que lo arregla todo, lo explica todo. Por horror a ese reblandecimiento prefiero ese cinismo, el realismo más grotesco o más violento.”
Marisa Plá dijo
Me ha gustado muchísimo tu foto y el texto que la acompaña.
Espero que sigas poniendo más...
Un saludo afectuoso.
16 Diciembre 2006 | 08:11 PM